Viejos amantes
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Hasta que la Administración os separe: eran una de esas pocas parejas tocadas por la fortuna. Se casaron siendo jóvenes y compartieron sus vidas. No fueron felices ni comieron perdices. Vivieron historias de todos los colores, como suele ocurrir. Construyeron vínculos, complicidades, proyectos comunes. Algún que otro sueño se les quebró entre las manos. Acumularon instantes de gloria y de amor que les hicieron fuertes. Se acostumbraron a dormir sintiendo la respiración del otro, quizás sus ronquidos, el olor de sus pieles.
María Soledad Domínguez y Desiderio Hernández
José HernándezSon Desiderio Hernández y Soledad Domínguez. Vivían en Plasencia, ambos padecen alzheimer. Según la normativa de Dependencia de Extremadura, tenían que estar en residencias separadas. La Administración estuvo a punto de conseguir lo que no lograron las dificultades de la vida y la convivencia.
¿Cómo se suma la pérdida de los recuerdos a la pérdida de la persona que es tu hogar?La imagen es desoladora: una pareja perdida en sus laberintos de desmemoria, alejada el uno del otro, que es el gran referente de su mundo. Todo se tambalea, se vuelve incierto. Pienso en la canción Els vells amants de Serrat, una adaptación al catalán de La chanson des vieux amants de Jacques Brel. Habla de unos amantes que han vivido alegrías y tristezas en una larga vida en común.
El hijo de la pareja, José Hernández, recogió noventa mil firmas a través de una plataforma para pedir a la Junta de Extremadura que sus padres puedan pasar juntos los últimos años de su vida. ¿Qué debe de sentir alguien al vivir la separación forzosa de sus padres? ¿Impotencia, rabia, dolor? ¿Cómo se suma la pérdida de los recuerdos a la pérdida de la persona que es tu hogar?
Lee también Emma Maria de la Pau Janer
Pienso en la novela El cuaderno de Noah de Nicholas Sparks. Es la historia de un anciano que le habla todos los días a su esposa sobre sus vidas para ayudarla en un doloroso proceso de alzheimer.
José Hernández se ha salido con la suya. Tras una larga lucha, ha conseguido que sus padres estén juntos, aunque sea en una residencia a ciento veinte kilómetros de su hogar.
No es broma: Desiderio y Soledad están muy lejos de casa. Parece mentira que no haya un lugar más cerquita. La Administración no se lo pone fácil.
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